San Sebastián, España. Una jornada de pesca rutinaria para la tripulación del arrastrero «Estrella del Norte» se convirtió en una historia digna de novela. Mientras faenaban en aguas del golfo de Vizcaya, los pescadores sacaron en sus redes, en lugar de la habitual captura de merluza, un antiguo cofre de roble cubierto de percebes y cieno.
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El misterioso hallazgo, de unos 40 kilogramos de peso, se enganchó accidentalmente en las redes a 70 metros de profundidad. El patrón del barco, Javier Mendizábal, creyó primero que se trataba de los restos de una barcaza hundida, pero al examinarlo con más atención distinguió tallas artesanales y restos de herrajes metálicos.
Cuando abrieron el cofre en el puerto de San Sebastián, los presentes quedaron boquiabiertos. En su interior, milagrosamente preservados gracias a un revestimiento impermeable de plomo, aparecieron:
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Viejos documentos en pergamino y papel de algodón grueso, sellados con lacre (probablemente de finales del siglo XVIII);
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Tres pinturas en miniatura con marcos de madera, que representan un paisaje marítimo y damas con pelucas empolvadas;
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Joyas: un anillo de oro con un escudo nobiliario y varios pares de pendientes de granate, apenas afectados por la corrosión.
Según la hipótesis preliminar de los historiadores, el cofre podría haber formado parte del equipaje de nobles que huían del país durante la invasión napoleónica o, incluso, remontarse a un naufragio ocurrido en la ruta entre América y España. El museo municipal ya ha ofrecido a los pescadores una suma por el descubrimiento, pero ellos aún dudan: «Solo venderíamos los cuadros. Los papeles y el anillo deben estudiarlos los historiadores. Forman parte de nuestra historia».
Mientras tanto, las piezas han sido enviadas a la Universidad del País Vasco para su análisis. Una cosa está clara: el océano guarda sus secretos mucho mejor que cualquier caja fuerte.